Campaña extremeña para evitar el fraude en el etiquetado.

  El Instituto de Consumo de Extremadura, en coordinación con la Consejería de Agricultura y Desarrollo Rural, ha iniciado una campaña de control del mercado de los productos ibéricos con el fin de proteger al consumidor y evitar el fraude en el etiquetado ante la campaña de Navidad.

Se van a intensificar los controles de los productos comercializados con el sello de ibérico, especialmente sobre el etiquetado, en cumplimiento de lo establecido en la Norma de Calidad para la carne, el jamón, la paleta y la caña de lomo ibéricos.

De esta forma, se quiere velar por el estricto cumplimiento de esa norma, de manera que se proteja a los ganaderos e industriales de la región que certifican sus producciones como ibéricas, se garantice el derecho de los consumidores y se evite la competencia desleal frente a productos que pudieran usar la cualidad de ibérico en sus etiquetas como reclamo de venta, sin que reúnan las características y requisitos que contempla la normativa estatal.

La transparencia en la identificación de las producciones derivadas del cerdo ibérico es una condición irrenunciable para defender el valor de la producción certificada y para que los consumidores puedan apreciar la calidad de lo que están comprando bajo la etiqueta de ibérico.

No hay que olvidar que Extremadura es la primera región productora nacional de cerdo ibérico.

La competencia desleal reduce un 30% el número cabezas de cerdo ibérico.

 

En declaraciones a la agencia Efe,José Luis García-Palacios, el presidente de Asaja-Huelva y del Foro para la Defensa y Conservación de la Dehesa ‘Encinal’, ha comentado que la mayor caída, en cuanto al número de cabezas, la ha registrado el jamón ibérico de cebo que es el que se produce en semi-extensivo. Ha precisado que a un pequeño productor en dehesa la cría de este cerdo, que sale como jamón ibérico, le supone en torno a 14 meses, un tiempo «casi el doble del que pueden tardar empresas como Navidul o Campofrío».

Todo esto nos lleva a que el número de cabezas de cerdo ibérico ha caído en torno a un 30% debido a la competencia desleal de grandes empresas multinacionales.

Según García Palacios, «la producción de un animal en semiextensivo implica parte de su crianza en la dehesa y unos costes mayores que la crianza que se hace en una nave y de manera totalmente intensiva«.

En definitiva, nadie cambia duros a pesetas, ni vende ibéricos a precios de serrano. Al menos sin no influir en la calidad final del producto.