El cerdo ibérico

El cerdo Ibérico es una raza de cerdo cuyas características le distinguen morfológicamente de cualquier otra especie porcina. Tiene su origen en una subespecie mediterránea del jabalí (Sus Scrofa Mediterraneus ) y se extiende por las zona suroeste de la península ibérica.
Es un animal que está adaptado a las condiciones medio ambientales de la dehesa arbolada. Su rusticidad, adaptación al pastoreo, potencial adipogénico, metabolismo anabólico y desarrollo tardío, lo diferencian de otras razas. Desde el primer momento su alimentación se basa en el consumo de bellotas de las encinas y alcornoques de la dehesa, por lo que a lo largo de su historia, el cerdo ibérico, ha tenido que ir adaptandose y capacitándose para la transformación de los hidratos de carbono que abundan en la bellota.

Por lo general, es un animal de tamaño medio, de piel oscura y pigmentada, con variaciones que van del el negro al rubio o retinto, con pelo débil y más bien escaso, hocico afilado y patas finas y largas. En un buen ejemplar, la espalda, dorso, grupa y jamones deben ser de musculatura manifiesta. Sus patas son finas, resistentes y con pezuñas de coloración oscura, salvo algunas excepciones. Tiene la característica genética de poder almacenar grasa en su tejido muscular, que es la clave del inconfundible sabor y textura de los jamones ibéricos. Los animales en montanera suelen alcanzar 135-175 kg, en animales entre 12-14 meses, al final de la misma el peso estaría entre 125 kg y 161 kg.